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OPINIÓN

“De agente del orden a líder defensor de derechos humanos”: Africano.

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Su intachable hoja de vida, posibilitó una ascendente carrera de Policía, en la que salió con la frente en alto como Intendente en uso de buen retiro, a los 23 años de servicio a la institución.

Por: Jairo Figueroa, Diario Putumayo.

Este profesional oriundo de Sogamoso Boyacá, padre de dos hijos, prefirió quedarse en el Putumayo y como tantas personas se enamoró del Putumayo, tierra que lo ha adoptado con honores por su carácter servicial y humanitario.

Después de terminar su carrera en una de las instrucciones queridas por la mayoría de colombianos, Jose Alexander Africano Macías, no cesa su labor en la comunidad, incluso luego de jubilarse, obtuvo un nuevo título como Magister en Seguridad Pública; incluso fue designado como presidente de la Asociación de Veteranos del Putumayo, (ASOVERPU), de la Reserva de la fuerza pública. 

En los 13 municipios del Departamento, el nombre de “Africano”, es muy sonado por su servicio prestado durante tanto tiempo desde el año 2004, cuando llegó con una misión institución y vocacional. Para los servidores de la fuerza pública, otrora hablarles de trabajar en Putumayo, era tomado como un castigo; una vez introducidos en la región, descubren la maravilla de la gente, sus culturas y su bella tierra de la que muchos, no quisieran irse.

El entonces Intendente, estuvo en la época dura del conflicto armados y paso por la Policía Nacional desde la oficina de Derechos Humanos, generó confianza en una Institución que poco ha  llegaba a la comunidad especialmente rural. Africano logró que las organizaciones sociales devolvieran la mirada a la Policía, que se perdiera el temor y el miedo de aquellas épocas, en donde ser amigo de un uniformado, significada exposición a los grupos violentos, incluso la muerte. 

Son  muchas las historias de este hombre, que se quedó en el corazón de varios líderes sociales, del territorio, así lo expreso una lideresa del bajo Putumayo quien afirmó: “Africano me salvó la vida y estoy viva gracias a él”. La mujer lo catalogó como un gran ser humano. 

Alexander Africano, trabajo social.

Su pasión por el Putumayo, hizo que su tesis de maestría, la enfocara en  investigación titulada: “correspondencia de la policía nacional en la efectividad interinstitucional para brindar seguridad a los líderes y lideresas sociales en el departamento del putumayo”.  Según fuentes ese trabajo lo llevó a convertirse en un líder social que vela por la defensa de los derechos ciudadanos.

Africano, es Administrador de empresas de profesión, tecnólogo en gestión empresarial egresado del Instituto Tecnológico del Putumayo (ITP) y recientemente recibió su nuevo título de “Maestría en Seguridad Pública”, de la Escuela Miguel Antonio Lleras Pizarro; además es técnico en servicio de Policía, con experiencia en difusión y articulación de políticas públicas relacionadas con la promoción, respeto, defensa y garantía de los Derechos Humanos (DDHH) y el Derecho Internacional Humanitario (DIH). 

En ese marco de acción, ha desempeñado funciones relacionadas con el apoyo a entidades gubernamentales como asesor en políticas sectoriales para la protección y defensa de los DDHH y DIH, como también la protección de líderes sociales, lo que le ha permitido realizar, consolidar y actualizar estudios sobre situaciones internas de afectación de Derechos Humanos, en especial en zonas afectadas por el conflicto armado interno en el municipio de Mocoa y el Departamento de Putumayo.

“Africano”, es un hombre que posee una buena memoria y ha participado como columnista en la radio regional y en medios digitales como “MiPutumayo.com).

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Este buen Putumayense, ha materializado homenajea de dos obras de arte a las víctimas Policías en Putumayo, una ubicada en el parque principal contiguo al comando de Policía y otra en la vereda “La M”por la vía antigua al Pepino. Estos lugares son epicentros de numerosos actos solemnes de carácter institucional. 

Quienes conocen a Africano afirman que uno de sus nobles ideales es escribir un libro precisamente en memoria de sus compañeros muertos en servicio del cual ya ha iniciado con la ayuda de honorable de académicos de la región.

Lo irónico, es que hace dos años Alexander escribió la columna titulada “cobardes digitales”, donde hace alusión a como el mismo señala como un mundo virtual de ataque, refiriéndose también a cobardes de las redes sociales que deambulan por  WhatsApp, Facebook y Twitter.

El profesional de Derechos Humanos, en los últimos días ha sido víctima de “los cobardes digitales”, en este caso enmarcado en calumnias proveniente de la politiquería, que ha afectado su buen nombre, moral, dignidad humana, honrra, honorabilidad, derecho a la familia, tranquilidad, y derecho al trabajo.  Según trascendió no solo es eso, sino que “Africano”, ha expresado que siente temor por su vida, su salud mental y física y la de sus dos hijos quienes son su única familia desde hace más de 12 años.

OPINIÓN

La política, ya no es el arte de servir.

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YO, OPINO: Jairo Figueroa G.

Con el paso de los años en cobertura de noticias muchas veces  de política y administrativas, he llegado a una conclusión: ‘la cosa política’ en nuestra comarca, perdió el verdadero sentido de servir; aquellos que la usaron para llegar, la utilizan ahora para lucrarse.

Esa vocación de hacer que la política beneficie al colectivo, desapareció, y es absorbida por el fenómeno de la corrupción.

Creo mucho en que, desde lo privado se pueden hacer muchas cosas, incluso practicar el arte de servir. 

En cuestión de periodismo, la política hay que tenerla cerca para vigilarla y lejos, para no dejarnos permear de las malas mañas.

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OPINIÓN

¿Por qué liquidan personal del Hospital de Mocoa en plena pandemia?

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Antonio Colmenares M.

Son muchas las preguntas, pero de antemano se impone que con la salud no se juega, ni se negocia hasta el umbral de poner en peligro de muerte a ningún ciudadano por falta de presupuesto, ejercicios de saneamiento fiscal, política, o lo que sea con lo que quieran disculpar la falta de personal y la recarga de horarios a quienes queden después de la ‘poda’ que quiere imponer la administración del centro asistencial de la capital del Putumayo.

Lo que no se hace en planeación se paga en jurídica, máxima que se aplica a las administraciones públicas y que parece ser el caso del Hospital José María Hernández, que por no haber previsto a tiempo los requerimientos de una nómina altamente necesaria, ahora se ven en la necesidad de recortar la planta de personal, cuando la pandemia amenaza con quedarse mucho tiempo y las demás patologías no se pueden descuidar.

Resulta que por falta de precisión administrativa los que van a pagar son los pacientes con las respectivas esperas porque no hay quien los atienda oportunamente, resulta que los trabajadores de planta deben multiplicarse y extender sus horarios por la misma paga, resulta que a los trabajadores que resulten ‘premiados’ quedándose, se les deteriorará su vida familiar y se les acabará su vida social y todo por cubrir la falta de previsión de una administración miope que prefiere ‘mutilar’ en lugar de gestionar recursos para mantener el cuerpo completo.

Además, vaya uno a saber que otras ‘maromas’ de otras índoles se estén abriendo paso con el disfraz de la insolvencia, con el ropaje de la urgente reestructuración, o hasta prestidigitación politiquera, que no sería raro se esté fraguando por debajo de la mesa en una extraña coincidencia con el comienzo abierto de las campañas para llegar al Congreso. ¿Raro no? ¿Por qué hasta ahora se descubre que no se puede pagar a todos los empleados que han dado muestras de generosidad extrema exponiéndose a la muerte en la parte álgida de la pandemia y cuanto durarán las vacantes y quienes llegarán a suplir?

El caso queda abierto para que las veedurías ciudadanas investiguen y hagan seguimiento en busca de respuestas y especialmente de soluciones porque los pacientes no pueden quedar sin servicio completo y la planta de personal tampoco debe ser abusada con la imposición de más horas de trabajo y todo para, supuestamente, empatar un ‘partido presupuestal’ que ellos, ni quienes fueron despedidos, perdieron.

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